¿Por qué itinerante?

El Museo de la Memoria de los Montes de María está concebido como itinerante porque esto le permitirá mantener el carácter participativo y vivo que tuvo desde su concepción con las comunidades, e ir más allá de la interacción propia de la nueva museología, para ser también una opción de movilización social, de formación de públicos y de visibilización en toda la región Caribe y otras zonas del país. En ese sentido, la itinerancia facilita a las comunidades generar mecanismos de autorepresentación y de reparación simbólica articuladores, centrales en la edificación de proyectos de vida dignificantes y autónomos en el territorio.

También es itinerante porque pretende, a lo largo de su ruta, propiciar la articulación de comunidades locales que quedaron totalmente desarticuladas a raíz de la guerra. Allí, un museo itinerante “interrumpe” la cotidianidad y se inserta en las rutinas de las personas para generar preguntas, interrogar sobre lo ocurrido, tomarse las calles y conjurar el peligro de un encierro que paralice las memorias y las convierta en objetos vacíos de sentido.

Igualmente, la posibilidad de “convivir” con la gente en su misma localidad le permitirá reflejar mejor el sentir de las poblaciones que se verán allí representadas, además de que responde a un rasgo de la cultura caribeña, donde la visita y el contacto con el vecino es importante para el fortalecimiento del tejido social, tan gravemente afectado por el conflicto armado, y cuyo resultado se expresa en la ruptura de los lazos de confianza necesarios para la recuperación social, económica, cultural y política de las comunidades que han vivido bajo circunstancias de silencio y aislamiento, como resultado de la contienda por el territorio.

La itinerancia es además un espacio para el entreaprendizaje y la retroalimentación de ida y vuelta en el intercambio de experiencias y reflexión que se daría desde las narraciones e historias de dolor, esperanza y re-existencias. Asimismo, es una estrategia para ir y volver, dejando en cada visita un mensaje que invita a las personas a pensar, habitar de nuevo, re-significar y reconstruir su territorio. Esta experiencia tiene el potencial para demostrar la manera en que las acciones culturales comunitarias pueden incidir en proyectos políticos y sociales que controvierten las dinámicas impuestas por el conflicto armado.

No obstante, esa condición itinerante no riñe con la posibilidad de crear una institución permanente, con personería jurídica, estructura orgánica, presupuesto y una sede en El Carmen de Bolívar, que sería en este caso el punto de partida y de llegada de ese vuelo del mochuelo por el territorio Montemariano, de su viaje por la memoria. Esta sede no tendrá, sin embargo, la función de un edificio que contiene toda la exposición, sino la de una organización que concilia la conservación de los elementos patrimoniales de la memoria regional con el espíritu que le da origen y administra la infraestructura y el patrimonio cultural representado en su colección1. Tendrá un carácter administrativo, por un lado, además de su función articuladora de los centros de producción de la memoria, constituidos por el proceso pedagógico y técnico de la Escuela de Narradores y Narradoras de la Memoria, inicialmente en los  municipios de los Montes de María, y extendiéndose paulatinamente en el Caribe colombiano.

En el surgimiento y desarrollo de este proyecto es central el contexto jurídico que plantea la expedición de la Ley 1448 de 2011, la cual reconoce los derechos de las víctimas y establece el marco legal para “la atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno”, siendo algunos de estos derechos el de la memoria y la reparación material y simbólica.

Según lo establece el artículo 141 de dicha ley, la reparación simbólica es “toda prestación realizada a favor de las víctimas o de la comunidad en general que tienda a asegurar la preservación de la memoria histórica, la no repetición de los hechos victimizantes, la aceptación pública de los hechos, la solicitud de perdón público y el restablecimiento de la dignidad de las víctimas.”

En este sentido, creemos que la existencia de este museo constituirá un precedente importante en materia de memoria y reparación simbólica para la No Repetición, que estimulará iniciativas similares en la región Caribe y en otras zonas del país, contribuyendo al reconocimiento de los derechos de las personas que han sido víctimas del conflicto y a la generación de aprendizajes en torno a la memoria histórica y a la historia colectiva.

Finalmente, es necesario resaltar que el Museo Itinerante de la Memoria representa un valor agregado para el proceso de reparación que el Estado está implementando a partir de la Ley 1448/11, así como para el fortalecimiento de la institucionalidad regional y es por ello que la apuesta es por una experiencia exitosa que tenga un saldo positivo sostenible en los niveles pedagógico, cultural, social y político.